En ocasiones he comenzado entrenamientos en donde hay 20, 30 o más personas, con esta pregunta. La gran mayoría de los asistentes, no importando si son gerentes de primera línea o supervisores, juniors o seniors, permanecen en silencio. El silencio no dura mucho pues yo agrego tan pomposamente como puedo: ¡Evidentemente soy yo! …  luego de una pausa dramática agrego “Si usted está de acuerdo conmigo le sugeriría que se haga ver pues no debería estar de acuerdo”.

Para establecer el punto les pido que me digan qué sucede cuando reciben la fotografía de un grupo en el cual están incluidos. ¿A quién miran primero? Normalmente todos nos reímos al darnos cuenta de que nos miramos a nosotros mismos y comenzamos a trabajar. Es decir comenzamos a construir una base que nos permita tener más y mejores relaciones con las personas que nos rodean, partiendo de la premisa de que es la persona más importante.

Desde 1994 cuando asistí a mi primer entrenamiento Carnegie y, sin pausa y sin prisa, he llegado a convencerme de que a la persona más importante presente en su organización, en la mía, en la de cualquiera de nosotros, no se la trata como todos opinan que debe ser tratada.

No recuerdan su nombre, la saludan al pasar preguntando cómo estás, pero no se quedan a escuchar la respuesta, todos se comunican con el rol que la persona ocupa en la organización pero muy raramente tiene oportunidad la persona, para hablar sobre lo que le importa.

Hay una escena de la película “Lo que ellas quieren” en la que el personaje principal, Mel Gibson, que ha adquirido la habilidad de leer los pensamientos de las mujeres, observa desde el segundo piso, como todos trabajan con gran ajetreo y entre todas esas personas aparece una chica que está haciendo la práctica y que distribuye correspondencia y mientras lo hace piensa: “Si mañana desapareciera nadie lo notaría”.

Esa persona que piensa: si mañana desapareciera nadie lo notaría, quizás está en nuestras oficinas, en nuestras organizaciones o en nuestros equipos y quizás finalmente decida irse pues parece ser invisible. De hecho, los estudios Carnegie sobre compromiso llegaron a establecer que un 25% del staff en una organización está “activamente NO comprometido” y se irá apenas pueda.

¿Es esto inevitable? La respuesta desde mi punto de vista en que es completamente evitable y la principal manera de hacerlo es dedicando tiempo para tratar apropiadamente a la persona más importante presente aquí.

Propongo para ello que pruebe con lo siguiente: Piense en una persona en su equipo u organización, a la que conozca menos y piense que podría pasar si usted aplica los siguientes principios Carnegie.

  1. Demuestre interés honrado y sincero.
  2. Sea un buen oyente animando a la otra persona para que hable de sí misma.
  3. En el proceso sonría.

Una vez que tenga listo todo, piense en qué harás exactamente distinto. Para ilustrar un ejemplo: Decidí que la persona con la que haré este experimento es don Juan y lo que haré mañana cuando lo vea en la mañana, será saludarlo y detenerme para preguntarle cómo está. Don Juan me mirará de manera extraña. Seguro que si pues durante los dos últimos años, he estado saludando en modo automático.

Si hacemos este ejercicio, la persona más importante presente aquí, quizás tenga un raro momento en el que puede conversar con alguien que si está interesado y hablar de cosas que le son importantes a la persona y no al rol.

¿Qué sucederá al final de esta conversación? Nada que nosotros notemos a primera vista, pero seguramente la persona, al ser una criatura emocional como nosotros, guardará ese momento en su mente y hará un depósito a nuestro favor en términos de compromiso y confianza. Cómo se todo lo anterior. Lo vengo experimentando desde 1994.

En resumen, le propongo que hagamos una diferencia en nuestras organizaciones, una persona por vez.

Takeaways: El compromiso de las personas en una organización se gana o se pierde una persona por vez. Si nos enfocamos en tratarlos tal y como nos gusta ser tratados eso podría hacer una diferencia que incluso puede ser medible.