Las empresas deben asumir su responsabilidad y apostar también por restablecer el equilibrio apostando por la flexibilidad, eliminando sesgos, implantando dinámicas de integración e impulsando la presencia, cada vez mayor, de un equipo diverso, sin sesgos de procedencia, género o estatus social partiendo por la incorporación de talento y continuando con poner en marcha los mecanismos necesarios para la igualdad de oportunidades basadas en el mérito y no en la cuna.

En mi experiencia como Head Hunter en Chile me he encontrado muchas cosas, he aprendido infinito, pero también me he sorprendido e indignado con algunos CEOs de empresas que me pedían cosas como, y cito textualmente: “En el Directorio somos puros hombres, no podemos incorporar una mujer como CFO porque a veces decimos garabatos” “Que venga de la Católica” o, incluso: “Es muy bueno este chico, tiene mucho mérito, pero no lo veo en el Directorio porque es de Regiones”.

La poca diversidad en la empresa local y el no querer romper con su status quo en las posiciones de primeras líneas no sólo es un problema de las empresas, deriva de una cuestión social y económica.

La equidad debe estar en todos los ámbitos para ser efectiva.

La falta de una educación pública de calidad que genera que, si no tienes recursos, no tendrás acceso a una educación que te abra las puertas a muchas oportunidades, la importancia del “networking social” a partir de determinada etapa, y el autoconvencimiento también en muchos casos de que “no se puede” que genera en muchas ocasiones falta de seguridad y de empoderamiento de aquellos que no pertenecen a esa “elite social y profesional” impide que el sistema de desarrollo de carreras y el sistema de acceso al mercado laboral sea equitativo por lo que, en lugar de reducirse, aumenta el quiebre y la brecha social dado que estas barreras impiden que la meritocracia y el talento estén en el centro de las organizaciones y, cuando lo están, la mayoría de la veces solo es para el reducido grupo que queda tras la “selección natural del proceso educativo”  para llamar a la puerta de las empresas al salir de la Universidad.

Y…¿Cómo rompemos el status quo?

Hay que eliminar sesgos, sin duda, pero también hacen falta referentes que INSPIREN, que impulsen, orienten y apoyen desde el colegio y en las empresas. Por eso, esas personas que han conseguido saltar las barreras impuestas, deben asumir la responsabilidad de hacerse visibles y contar su historia de superación para inspirar a otros a que las sigan saltando hasta que desaparezcan o, al menos, se reduzcan.

Todos deberíamos llevar en el ADN esa necesidad de ayudar a impulsar la carrera de profesionales con talento con independencia de estos sesgos sociales, y ser sus “sponsors”. Recuerdo cómo me marcó mentorizar a una alumna de Laboratoria que creció en una familia sin recursos pero con una madre que le inculcó que se podía y cómo ella hoy se ha convertido en un referente a quién se quisieran parecer muchas niñas de su entorno. Hagamos que nuestros niños, que son quienes marcarán el cambio, crezcan pensando que “Si, se puede”. 

Personalmente creo ciegamente en el talento, y en orquestar las dinámicas necesarias para no perderlo (flexibilidad, oportunidades, eliminación de sesgos, dinamismo y renovación constante y conciliación global). Si se dan las plataformas adecuadas y conseguimos que la equidad esté tanto en la sociedad como en la oficina, estoy segura de que no habrá barreras para nadie y si damos los pasos adecuados podremos ser, quienes queramos por ser alcanzando nuestras metas sin tener que saltar barreras invisibles pero imposibles

Takeaways:

Las empresas deben asumir su responsabilidad y apostar por impulsar la carrera de profesionales con talento con independencia de estos sesgos que existen al interior de nuestras organizaciones.